Toda la verdad sobre los diferentes tipos de hambre

¿Quién no ha sentido ganas de comer la hamburguesa con patatas fritas cuando ve el anuncio en la televisión? ¿O no puedes evitar comerte unas palomitas cuando entras en el cine? ¿Y entrar en la pastelería a por un croissant cuando percibe el olor del hojaldre recién hecho? 
 
Si la respuesta a alguna de esas preguntas es SÍ, yo me pregunto si crees que este tipo de conductas, ¿responden al hambre como una necesidad básica o más bien a comer por capricho? ¿Sabrías contar cuántas veces a lo largo del día tienes pensamientos centrados en la comida o en alimentos? 
 
Aunque pueda parecer obvio, en muchas ocasiones comes sin pensar, como un acto reflejo y sin tomar conciencia del momento en el que te encuentras. Para evitar este comportamiento y sus consecuencias, a continuación vamos a conocer los 7 tipos de hambre que existen para que seas más consciente de cuál de ellos aparece en cada momento de tu vida. 
 
Hace algunas semanas hablamos de la ansiedad por la comida y hoy vamos a aprender a reconocer los tipos de hambre que nada más y nada menos hay 7 ¿Qué no lo sabías? Pues vamos a descubrirlos…
 
Los 7 tipos de hambre
 
Los 7 tipos de hambre, también ha sido un descubrimiento para mi. Hace algunas semanas lo descubrí en el libro ‘Mindful Eating: A guide to Rediscovering a Healthy and Joyful Relationship with Food’ (‘Comer Consciente: Una guía para redescubrir una relación sana y alegre con los alimentos’) de Jan Chozen Bays, pediatra de Harvard. 
 
En este libro, la autora, identifica siete tipos de hambre, una clasificación que ayuda a esclarecer los distintos comportamientos alimentarios con los que nos podemos sentir identificados, de manera habitual o en momentos concretos de nuestras vivencias. Dado que nuestra forma de relacionarnos con la comida afecta a nuestra salud de manera significativa, te va a resultar muy interesante reconocer y reflexionar sobre el tipo de comportamientos alimentarios que te caracterizan porqué ser consciente de cada uno de ellos, te ayudará a evitar comer en exceso. 

Comer por los ojos
 
Este tipo de hambre es el que nos hace comer, a pesar de estar llenos, es el hambre que aparece al ver una foto de un postre o de una jugosa hamburguesa; o beber un refresco al ver el anuncio de una bebida bien fresquita.
 
Hay que reconocer el trabajazo que hacen los publicistas, esos que «maquillan»  los alimentos para que luzcan lustrosos en los carteles, paneles, anuncios de televisión o menús de restaurantes para hacerlos más apetitosos, y así, acentuar su color natural o conseguir los colores más vivos y apetecibles. 
 
El objetivo perseguido es que los «potenciales consumidores» deseemos comer ese alimento al experimentar «solo con verlo» la gustosa sensación de «crujiente» al ver la foto de las patatas fritas; sentir cómo el chocolate se «derrite» en la boca y reconocer como «fresquísimas» las hojas de lechuga y las rodajas de tomate de la hamburguesa de la foto. 
 
Según señala Bays, son muchas las investigaciones que han demostrado que «la vista es muy potente a la hora de influir en el comportamiento alimentario e incluso puede anular todas las demás señales de saciedad». ¿Hasta qué punto nos influye este aspecto a la hora de desear comer un determinado alimento?.
 
Hambre de olfato
 
Otro tipo de hambre al que estamos expuestos habitualmente es al hambre de olfato. Es aquel que experimentamos al entrar en las salas de cine al percibir el olor a palomitas, o el olor a pan recién hecho al entrar en una panadería o el del café calentito. 
 
Antes de lanzarnos de manera impulsiva (y sin pensar) a comer estos alimentos tan atractivos, les importante que tomemos conciencia de la situación. Tenemos que pararnos antes y pensar si de verdad tenemos hambre, cuántas horas han pasado desde la última comida, y cuánto queda para la siguiente.
 
La Dra. Bays, además, sugiere hacer un ejercicio de toma de conciencia, y tratar de responder a las siguientes cuestiones: 
 
  • ¿Cuántos olores puede detectar al margen del que desprenden los alimentos que han despertado su interés? 
  • ¿Cómo cambia el sabor del alimento a medida que inhala y exhala? 
  • ¿Cuánto tiempo persiste el sabor después de tragar? 

Hambre de boca
 
La experta en comportamiento alimentario lo describe como «el tipo de hambre que experimentan quienes tienen la ‘necesidad’ de probar constantemente nuevos sabores y texturas». 

Una forma de advertir estas sensaciones es prepararse un plato compuesto por alimentos de diferentes texturas: zanahorias crudas y frías, patatas calientes y cremosas, palomitas de maíz, colines de pan…, masticar cada bocado entre 15 y 20 veces, y centrar la atención en las sensaciones de la boca y en los movimientos de la lengua. 

También resulta curioso experimentar la textura y el sabor de alimentos menos comunes, como distintas frutas exóticas (el maracuyá, los lichis o los nísperos, entre otros) según se prueben todavía verdes o en su punto óptimo de consumo. 

En otras circunstancias de pérdida de salud, se experimenta justo lo contrario, la pérdida del gusto por los alimentos. Esforzarse en la presentación de los platos, en los olores y en las texturas es fundamental para que la persona enferma recupere el apetito y la salud

 
Hambre de estómago
 
«Tengo ataques de hambre» es una frase que refleja este tipo de apetito, que conduce a comer más y de una manera desmedida. En estos casos, es importante dar pautas y enseñar técnicas de control de la ingesta para distinguir y no confundir la sensación de ansiedad con el hambre. 

¿Tengo realmente hambre o en realidad es apetencia por algún sabor o por algún alimento en concreto? ¿Me entran ganas de comer siempre a la misma hora? Si por el contrario, el «estómago» pide algún alimento concreto, la doctora sugiere observarse a uno mismo y reconocer las sensaciones que le invaden en cada momento. ¿Tensión? ¿Nerviosismo? ¿Inquietud? ¿Fatiga mental? ¿Alegría? ¿Euforia? Es posible que el cuerpo no esté necesitado tanto de comida, pero sí de descanso. Unos ejercicios de estiramientos, unas respiraciones profundas, salir a la calle unos minutos a respirar aire fresco pueden ayudar a identificar el origen del apetito. Saborear un té o comer pausadamente una fruta o unas tortitas de cereales son algunas propuestas sanas; mucho más ligeras (y digestivas) que caer en la tentación de comer la galleta de chocolate, el bombón, las patatas fritas o los frutos secos. 

 

Hambre celular

 
Responde a uno de los instintos más primarios: cuestión de supervivencia. Por ejemplo, está estudiado que la preferencia por el sabor dulce es innata, determinada por una predisposición genética a sobrevivir, al mantenimiento de la especie. La especialista explica este tipo de hambre como la necesidad orgánica de ciertos nutrientes que se ve referida como la querencia por comer alimentos muy concretos: chocolate, zanahorias, almendras (y no otros frutos secos), queso, sardinas enlatadas… 

También advierte que «el cuerpo lo pide para funcionar de manera óptima, aunque la mayoría de nosotros hemos perdido la capacidad de oír lo que nos está pidiendo», ya que popularmente estos comportamientos se identifican como «antojos»

 
Mind hunger o hambre de mente o de pensamientos
 
Pensamientos como «tengo que comer menos azúcar», «debo cocinar con menos grasa», «desayuno el doble porque tal vez no tenga tiempo de almorzar», o «después de este día tan estresante, me merezco un bollo de chocolate» son algunos ejemplos de este tipo de «hambre». Pero también lo son aquellas maneras en el comer condicionadas por los resultados de los últimos estudios científicos (alabanza o exaltación de ciertos alimentos a los que se asocian propiedades muy saludables), aunque no tenga el consenso de la comunidad científica o sea producto del marketing alimentario del momento. 

La doctora Bays traslada una reflexión muy interesante, que es que «cuando comemos en base a los pensamientos, nuestra alimentación se basa por lo general en la preocupación«, lo cual nos puede conducir a comer demasiado sin justificación, o todo lo contrario, a dietas estrictas sin fundamento dietético ni médico, a una alimentación muy limitada y monótona que no se puede sostener en el tiempo porque comprometería la propia salud física y el equilibrio mental. El poder de la mente es inmenso, y es el responsable en gran medida de nuestro comportamiento alimentario. 

 
Hambre del corazón
 
Es el tipo de hambre que se siente ante un vacío sentimental que conduce a buscar el alimento o la comida como modo de compensar o llenar ese vacío, que evoque los momentos felices vividos y, de una manera indirecta, al comerlo, uno se siente bien, reconfortado. 

Según Bays, las relaciones «más desequilibradas con los alimentos son causadas por no atender a los sentimientos». 

En esta línea, el psicólogo clínico Esteban Cañamares, especialista en temas de comportamiento alimentario, cuenta en su libro ‘¿Por qué no puedo adelgazar?’ lo importante de recordar que «comer es un placer, y como tal puede exagerarse para compensar insatisfacciones en otras áreas de la vida». De ahí la importancia de llenar los corazones de distintas maneras, tal y como plantean los especialistas: atender a los amigos, llamar a un ser querido, cuidar el jardín, hacer un regalo, escuchar música, dar un paseo, disfrutar de la naturaleza, agradecer lo que se tiene…

Espero que os haya gustado este último artículo. Contar vuestras experiencias sobre cada tipo de hambre que habéis ido experimentando en vuestra vida.

Un saludo y hasta la próxima semana!!!!

 
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