Secuelas psicológicas de un abuso sexual

La pasada semana supimos el veredicto del juicio de la «manada» esos supuestos «buenos chicos» que cuentan que tuvieron sexo consentido con una chica ebria como ellos en San Fermin de 2016, si hubieran sido tan «buenos y tan respetuosos» considero que no lo hubieran consentido y le habrían dicho a la chica que no y no lo hubieran grabado de risas, pero bueno menos mal que en este país nos queda algo de dignidad y nos hemos revelado contra este veredicto y vamos a ver que pasa al final. 
 
Tras este comentario vamos a empezar a hablar del tema de hoy, ¿Te has preguntado alguna vez que secuelas deja sufrir un abuso sexual o violación? En el artículo de hoy vamos a esclarecer esta duda.
 
Quizás parezca que este problema es poco frecuente, que eso sólo les pasa a los demás, pero la realidad es que las investigaciones dicen que esto no es así. Según datos oficiales del Ministerio del Interior sobre violaciones cometidas en España se refleja un crecimiento del 11,3 % en los nueve primeros meses de 2017 respecto al mismo período del año anterior, con 1.054 casos conocidos, que incluyen tanto los denunciados como las registrados por las fuerzas de seguridad durante sus actuaciones, que suponen cuatro violaciones diarias.
 
La agresión sexual es una forma especial de delito violento altamente estresante y devastadora, que es vivido por la víctima con un terror intenso por el miedo a sufrir un grave daño físico o incluso la muerte, añadiéndole además, sensaciones de impotencia y desesperanza en cuanto a su incapacidad para escapar o evitarlo. Por todo esto, genera un impacto psíquico agudo, cuyas repercusiones pueden manifestarse con inmediatez al trauma, o bien de manera posterior en el tiempo, y que van a depender tanto de las características de la intensidad y violencia del estresor como de determinados condicionantes preexistentes en la víctima.

¿Qué ocurre durante una violación?

Las reacciones inmediatas al evento traumático aparecen principalmente a nivel emocional y cognitivo, dando lugar a numerosos síntomas psicológicos.
 
A nivel emocional la víctima tiene sensación de irrealidad, de que el hecho “no puede estar pasando”, a la que se asocia un miedo agudo que se acompaña de llanto, rabia, frustración e impotencia, en ocasiones también aparece vergüenza y culpa que deriva en una sensación de pérdida total de control de la situación. 
A este descontrol emocional se unen algunos síntomas psíquicos, como confusión, desorientación y disminución de la concentración. También pueden aparecer alteraciones cognitivas, con dificultad en el procesamiento de la información incluyéndose la información referente a la misma situación traumática vivida, dificultad para tomar decisiones y percepción de indefensión total. 
 
Esta sintomatología puede aparecer desde inmediatamente después hasta en las primeras semanas tras la agresión sexual, pero aproximadamente el 80 % de las víctimas presentan alteraciones transcurrido un año. 

¿Qué secuelas psicológicas se producen tras una violación?

Cuando sufres una violación cambia toda tu vida, cambia además de aquellos que están a tu alrededor. Pero lo peor de todo es no saber afrontarla, tanto la víctima como los familiares, que, en ocasiones, pueden llegar a culpabilizar a la víctima aunque sea de manera inconsciente. 
 
Al principio aparece el shock, tan grande que puede llegar a la propia despersonalización de la víctima donde se sienten extrañas a sí mismas, a su cuerpo y al ambiente que los rodea.
 
Tras este estado inicial pueden aparecer diversos trastornos mentales como:
 
Trastorno por Estrés Postraumático. Es la entidad nosológica por excelencia que con mayor frecuencia aparece tras una agresión sexual, hasta el extremo de que se desarrolla en el 50% de las mujeres víctimas, en el 65% de los hombres, y alcanza al 90% en el caso de los niños.
 
Trastornos adaptativos ansiosos y/o depresivos. Suelen venir acompañados de todo su cortejo sintomatológico cursando con síntomas emocionales y alteraciones del comportamiento de la víctima. Se genera focalización sobre la agresión sufrida, con dificultad para controlar este estado de perenne preocupación, al que se asocian sensaciones de fatiga, déficit en la concentración, irritabilidad y dificultades para dormir. 
 
También puede aparecer ánimo depresivo, caracterizado por una pérdida de la autoestima, desesperanza, ausencia de perspectivas de futuro, disminución de las actividades placenteras o anhedonia, cambios en el patrón de sueño y apetito, y en ocasiones riesgo de suicidio.
 
Disociación. Es un mecanismo por el que la víctima se mantiene apartada del trauma acontecido, bajo la forma de una despersonalización o de un embotamiento físico y/o emocional que dificulta la experimentación de dolor, y se traduce por una ruptura en la sincronía de la conciencia y de la identidad. 
Cambios en la personalidad. El dolor y el sufrimiento tras vivir una violación, situación violenta y prolongada, puede determinar cambios permanentes en la estructura de la personalidad, que desembocan en el desarrollo de rasgos rígidos y desadaptativos con deterioro en las relaciones personales y en la actividad social, personal y laboral de la víctima.
 
Trastornos sexuales. Pueden aparecer problemas de excitación con disminución del deseo y del interés, miedo y evitación de las relaciones sexuales, y evocaciones de recuerdos de la agresión durante sus relaciones normales, este último síntoma aparece hasta en un 12% de las víctimas.
 
Inicio de hábitos de mala salud. Entre los que destacan fumar en exceso, abuso de alcohol y de sustancias tóxicas, inicio de conductas sexuales de riesgo, auto lesiones, etc. 

¿Qué hacer para recuperarse lo mejor posible?

La intervención precoz tras una violación, y la extrema sensibilidad que debe regir la respuesta legal y socio-sanitaria, son elementos que junto a las características de la situación estresante y a las condiciones y habilidades previas de la víctima, pueden limitar o amplificar el daño psíquico y sus posibles secuelas.
 
Es muy recomendable comenzar lo antes posible a trabajar estas secuelas psicológicas con un psicólogo. El tratamiento cognitivo-conductual puede ayudar significativamente a las víctimas, ya que, es un tratamiento que integra  varias herramientas como la desensibilización sistemática, técnicas de relajación, manejo del pensamiento y psicoeducación. Los estudios revelan buenos resultados, ya que, dan cuenta de que disminuyeron los síntomas intrusivos, evitativos y de aumento de la activación.

Hasta la próxima semana!!!

 

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