¡Quiero quedarme embarazada!

Tener un hijo a veces no es una tarea fácil: los nervios, la ansiedad, el estrés y la edad, pueden jugarnos una mala pasada. Probablemente conozcáis  a alguna mujer que lleva años y años esperando y haciendo de todo para quedarse embarazada y cuando en un determinado momento, tras uno y otro intento, acaba rindiéndose y dejando de lado los tratamientos, consigue lo que más quiere, estar embarazada. Sólo cuando por fin se relaja, consigue lo que quiere y desea.
Desear un niño es la cosa más normal del mundo. Pero a veces puede ocurrir que el deseo se transforme en una urgencia, o en una verdadera ansiedad, una aprensión que se manifiesta sobre todo después de los treinta y cinco años, cuando la aspirante mamá comienza a temer que sea muy tarde para concebir el niño que tanto desea. Cuando suena el reloj biológico, de hecho, muchas mujeres se vuelven extremadamente impacientes. Y basta que “la cigüeña” tarde algunos meses para sentirse frustrada.

¿Qué es el estrés?

El estrés es toda demanda física o psicológica fuera de lo habitual y bajo presión que se le hace al organismo, provocándole un estado ansioso. En la mayor parte de los casos llegamos al estrés debido a las demandas grandes que le imponemos a nuestro organismo.
 
Un estado de tensión y/o ansiedad constantes, no sólo afecta la calidad de vida, sino también repercute en la fertilidad, tanto femenina como masculina.
 
El estrés disminuye en un 12% la posibilidad de que una mujer consiga estar embarazada. Diversos estudios han demostrado, que el cortisol y las alfa-amilasa, dos de los componentes del estrés, han sido encontrados en la saliva de las mujeres que tenían dificultades para quedarse embarazadas. 
 
El estrés puede interferir negativamente en la concepción. Cuando una mujer está buscando un embarazo y no lo consigue, es muy normal que esta situación la lleve por un camino de ansiedad, angustia y preocupación.
 
Primero que nada, hay que hablar del estrés mismo que produce el deseo de quedarse embarazada y no lograrlo. Y puedes pensar que no conseguirlo no te   esta afectando emocionalmente, pero lo que no sabes y no te das cuenta, es que el estrés (la tensión y la ansiedad) se esta acumulando a nivel psicológico, lo cual, paradójicamente, no te permite quedarte embarazada. 

Este estrés es aun más evidente cuando la pareja sigue un tratamiento de infertilidad y el mismo, no consigue resultados positivos; y si a esto le sumamos, lo que muchos llaman el reloj biológico de la mujer que cada mes que pasa sin un resultado positivo en el test de embarazo, se siente el tic tac del tiempo perdido. Todo esto acarrea cada vez más y más niveles de estrés. Ha esto hay que sumarle el estrés que vivimos en nuestro día a día, la presión laboral, los problemas familiares, la presión académica, los problemas económicos o incluso la enfermedad de un familiar o amigo cercano.

 
Todos estos problemas de estrés mencionados influye en que la mujer deja de producir una hormona llamada GNRH, secretada por el hipotálamo, y que estimula la ovulación, y a raíz de esto, en ocasiones, se desencadenan problemas de fertilidad.

¿Cómo eliminar el estrés?

Lleva una vida tranquila evitando la tensión y los agobios. Algunas ideas para lograrlo pueden ser: practica yoga, meditación o date algún masaje relajante de vez en cuando, pueden ayudar a que disminuyas la tensión acumulada.
 
Adopta una vida más sana, sigue una alimentación más equilibrada y monitorea más atentamente el ciclo para determinar los tiempos de ovulación.
 
Dedícate más tiempo a ti misma y a tu pareja, busca las ocasiones adecuadas para hacer el amor lo más seguido posible. Pero debes estar atenta a que un placer no es un deber: la mente está en estrecho contacto con el cuerpo y una actitud más serena y relajada en la búsqueda de un hijo favorece la realización del deseo.
 
Cambia tu rutina, puede venir muy bien una escapada romántica y si se puede, hacer un viaje y desconectar, los resultados pueden ser fabulosos.

Espero que estos consejos te ayuden…

Hasta la próxima semana!!!

 
 
 
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