¿Qué es un psicópata emocional y cuáles son las características de estos?

psicópata emocional
Imagen original Freepik

Hoy vamos a aportaros un artículo muy completo en el que hablaremos de un tema que está muy de moda, los “psicópatas emocionales” y vamos a ver realmente qué tipo de personas son, si pueden sanar y, lo más importante de todo, veremos un testimonio de una persona que ha estado con una persona con este perfil y ha salido de ello.

Cuando pensamos en un psicópata emocional, estamos refiriéndonos a aquellas personas con un patrón de conducta persistente marcado por el afán de grandiosidad, necesidad de admiración excesiva y falta de empatía hacia los sentimientos y necesidades de los demás. Pueden ser encantadores y manipuladores, carecen de empatía genuina y pueden utilizar las emociones de los demás en su propio beneficio.

Estas personas suelen mostrar una serie de características y comportamientos que se describen a continuación:

  • Grandiosidad: suelen tener una opinión inflada de sí mismos y se consideran especiales, únicos o superiores a los demás. Pueden exagerar sus logros y capacidades.
  • Necesidad de admiración: Buscan constantemente la aprobación y la admiración de los demás. Desean ser el centro de atención y pueden ser muy sensibles a la crítica o la falta de reconocimiento.
  • Falta de empatía: Tienen dificultades para comprender o mostrar empatía hacia los sentimientos y necesidades de los demás. Pueden ser insensibles o indiferentes a las preocupaciones de los demás.
  • Relaciones interpersonales problemáticas: a menudo tienen dificultades para mantener relaciones saludables y duraderas. Pueden utilizar a las personas para satisfacer sus propias necesidades y pueden ser manipuladores.
  • Envidia y competencia: Pueden ser envidiosos de los logros y las cualidades de los demás y pueden sentirse amenazados por la superioridad percibida de otros.
  • Fantasías de éxito ilimitado: Suelen tener fantasías de éxito, poder, belleza o amor ilimitados. Pueden creer que merecen un trato especial y que las reglas no se aplican a ellos.
  • Explotación de los demás: Pueden explotar o utilizar a las personas en su beneficio propio sin mostrar remordimiento.
  • Falta de límites: a menudo tienen dificultades para reconocer los límites de los demás y pueden invadir el espacio personal o los derechos de los demás.
  • Problemas de autoestima frágil: A pesar de su aparente grandiosidad, pueden tener una autoestima frágil y recurrir a la búsqueda constante de aprobación para mantener su autoimagen positiva.
  • Desprecio hacia los demás: Pueden mostrar actitudes de desprecio hacia quienes consideran inferiores o indignos de su atención.
  • Sienten la necesidad de reforzar su autoestima basándose en la adulación de los demás
  • Nunca reconocen sus errores. Tienden a responsabilizar a los demás por sus actos, haciendo sentir culpable a la otra persona de los errores que ellos mismos han cometido.
  • En sus relaciones, suelen entrar en una dinámica de castigo y recompensa, donde se dan momentos de castigo ante comportamientos que ellos consideran inadecuados, que van seguidos de arrepentimiento y momentos muy buenos en los que complacen las necesidades de su pareja para compensar lo anterior. Esto anula a la otra persona y provoca un enganche por el cual la pareja acaba siendo incapaz de alejarse.
  • Suelen aparentar ser personas perfectas, magnéticas, sin defectos, comprensivos, simpáticos, amables y totalmente ajustados a lo que socialmente se espera. Aunque tienen dos caras, hacia afuera son aparentemente perfectos y en su intimidad esto se vuelve al contrario.
  • Tienden a utilizar castigos como la ley del hielo o la luz de gas.
  • Suelen tener actitudes de control sobre la pareja y todo aquello que les rodea.

¿Existe tratamiento para los psicópatas emocionales?

Sí, es posible tratar a nivel psicológico a una persona con este perfil, aunque el tratamiento puede ser un gran desafío debido a la naturaleza de los rasgos asociados y la disposición del individuo para buscar ayuda y cambiar.

Es importante destacar que el tratamiento de una persona con estos rasgos puede llevar tiempo y esfuerzo, y no todos los individuos con estos rasgos están dispuestos a participar activamente en el proceso de cambio. El éxito del tratamiento también puede variar según el grado de gravedad de los rasgos que presenta y otros factores.

Algunas de las estrategias utilizadas en el tratamiento de una persona con perfil narcisista incluyen:

  • Terapia cognitivo-conductual: La terapia cognitivo-conductual (TCC) se centra en identificar y modificar patrones de pensamiento y comportamiento disfuncionales. Puede ayudar a la persona a comprender cómo sus pensamientos y acciones contribuyen a sus problemas interpersonales y a aprender estrategias más saludables.
  • Terapia de grupo: La terapia de grupo puede proporcionar un entorno en el que la persona con estos pueda practicar interacciones sociales saludables y recibir retroalimentación constructiva de sus pares.
  • Terapia de aceptación y compromiso (ACT): La ACT se centra en la aceptación de pensamientos y emociones negativas y en la promoción de un compromiso con los valores personales y los objetivos a largo plazo.
  • Trabajo en la empatía: Aprender a entender y reconocer los sentimientos y necesidades de los demás es una parte importante del tratamiento, ya que la falta de empatía es un rasgo característico de los psicópatas emocionales.
  • Establecimiento de límites y consecuencias: Es fundamental ayudar a la persona a comprender los límites apropiados y las consecuencias de su comportamiento para que pueda aprender a relacionarse de manera más saludable con los demás.
  • Trabajo en la autorreflexión: Ayudar a la persona a explorar sus propios patrones de pensamiento y comportamiento, así como su historia personal, puede ser beneficioso para fomentar la autorreflexión y la comprensión de sus problemas.

Testimonio de Carmen

Hoy quiero compartir con vosotros el testimonio de Carmen, que ha estado en tratamiento con nosotras y que ha vivido una relación con un psicópata emocional. Aquí tienes su relato:

Recuerdo que era viernes. Me levanté dispuesta a irme a trabajar como cada día. La noche anterior, como las semanas de antes, tampoco había dormido. Las cosas con Juan iban de mal en peor.

Hacía unos días que, ante mi propuesta de dejar la relación, se generó una discusión muy fuerte en casa y a Juan se le fue de las manos de nuevo. A los pocos días viendo mi estado de tristeza y de desgana quiso que se solucionase y justificó sus actos con una nueva excusa. Esta vez me confesó que era adicto al alcohol y la cocaína y como era habitual volví a escuchar frases como:- sin ti esto no lo puedo hacer; – no me abandones; – necesito tu ayuda;- eres la única persona que me puede ayudar; seguido de – No se lo cuentes a nadie. De nuevo me pedía ayuda y me hacía sentir que era su salvadora (cuando en realidad lo que hacía era poner toda la responsabilidad de su recuperación sobre mis hombros).

Así que le acompañé al psiquiatra y le pusieron en tratamiento. Ese momento fue uno de los momentos más duros de mi vida. Ser consciente de lo que estaba pasando y que una persona ajena lo fuera también fue extremadamente doloroso. Sentí vergüenza de mi misma, mucha vergüenza.

Fue la primera vez que delante de una persona hablamos sobre el maltrato físico que había ejercido sobre mí. La primera vez que enseñe las heridas de mis brazos y de mi cuello a alguien y la primera y única vez que Juan confesó que había sido el autor de dichas heridas.

Ahí fui consciente de en el mundo en el que estaba viviendo y lo que me iba a tocar vivir.

El psiquiatra le dio unas pautas a Juan y lo medicó y a mí me aseguró que con la medicación los picos de ira desaparecían. Y si no era así, me dijo; – Inmediatamente llamas a la policía (como si en una situación así fuera fácil y accesible hacer ese tipo de llamada.

Aquí fui consciente de la sociedad en la que vivimos. Confesé a ese psiquiatra que Juan me había maltratado y ese hombre normalizó la situación. Mi realidad fue que le estaba pidiendo ayuda a gritos y salí de allí pensando que quizá yo estaba exagerando y sobre todo salí pensando que nadie me iba a ayudar nunca.

Juan estaba adaptándose a la medicación contra la abstinencia. Habían sido días duros, con muchos altibajos y con mucho caos. De repente se ponía a sudar y no paraba de moverse de un lado a otro, de repente se ponía a llorar muy triste y de golpe esa tristeza se convertía en ira. Cada noche tenía que encargarme de hacerle las pruebas de saliva para ver si había consumido. Los resultados eran raros pero el psiquiatra insistía en que no pasaba nada.

Y así llegué a ese viernes, en el que salí de casa y por fin llegué a la oficina. Allí me sentía tranquila, en paz, pero sobre todo segura. Recibí una foto por whasap de Juan donde estaba en la terraza con dos compañeros de trabajo y me comentó que se iba de comida al Club. Eso me sonó raro así q en el descanso lo llamé para escucharle la voz. Sus instrucciones eran de momento no hacer reuniones sociales y sobre todo no ingerir alcohol para que una cosa no llevase a la otra. Al llamarlo lo noté entusiasmado y me di cuenta que ese iba a ser el pan de cada día con él para el resto de mis días.

En esa llamada desde el baño de la oficina, me serené y hablé tranquilamente con él. Le dije que había estado pensando sobre todo lo que estaba pasando y que lo sentía pero que esta situación me estaba agotando y superando y que no podía más. Necesitaba dejarlo con él. Su reacción me sorprendió. Me dijo que lo entendía, que si me parecía bien se iba el fin de semana al barco para que yo pudiera recoger mis cosas de casa, que me agradecía todo lo que había hecho por él, que siempre me querría y que me prometía que iba a salir de la mierda en la que estaba metido e iba a estar bien.

Me apenó la situación, pero a la vez sentí paz e incertidumbre. Pasaron no más de 10 minutos cuando aparecieron los mensajes del verdadero Juan. Volvía a estar inestable, ansioso y eso me generaba miedo. Comenzaron sus amenazas, sus vaivenes, lloraba, se desesperaba, me llamaba continuamente, me decía que se iba a tirar por la terraza, que la culpa de cómo estaba era mía, que le dijera a sus padres que los quería pero que no podía más. Me asusté, sobre todo cuando me dijo que iba a aparecer en mi trabajo y me iba a enterar.

Mi trabajo era lo único que Juan no había destruido. Durante esos dos años y medio, había conseguido que mi familia, que para mí es lo más importante, se alejara de mí, que mi media mitad que era mi hermana no quisiera saber nada de mí, que mi grupo de amigos de siempre dejasen de llamarme, de contar conmigo, con nosotros. Me había aislado de casi todo lo que me importaba. Tuve la gran suerte de que mis amig@s como yo los llamo, los imprescindibles fueron más inteligentes que él y nunca se apartaron de mí. Me llamaban cada día, organizaban quedadas para que yo apareciera y saliera de ese mundo por unos instantes.

Cuando pasó todo me contaron que hablaron entre ell@s y analizaron lo que estaba pasando. Decidieron que pasase lo que pasase, hiciera Juan lo que hiciera, nunca se iban a ir de mi lado, porque si lo hacían estaba perdida.

Así que, volviendo a ese viernes, asustada decidí calmar a Juan, por miedo a que me destrozase también en el trabajo. Lo llamé y le dije que olvidásemos la situación, que todo estaba bien. Me excusé, y le dije que estaba llevando regular la situación pero que quería seguir a su lado y por fin se calmó. Quedé con el que después de trabajar pasaríamos la tarde juntos. Y continué trabajando. Llegó la hora de comer y baje al comedor con mis compañeros y como cada día después del postre, Sandra y yo bajamos a pasear por los jardines de alrededor de la oficina. Eran las 15:25 h cuando estábamos paseando y de repente vi a Juan llegar corriendo hacia nosotras. Solo me dio tiempo a decirle a Sandra:

– cariñet por favor, no me dejes sola con él. No te vayas pase lo que pase.

Recuerdo la cara de Sandra, se enfureció creo que porque en ese momento comprendió que si le tenía miedo era por algo. Y Juan llevo, con los ojos que se le salían de las orbitas. Rojos muy rojos.

Se acercó y me cogió por los hombros y me dijo con mucha ansiedad que, por favor, no lo dejase, que me fuera con él en ese momento, que me necesitaba, que iba a cometer una locura. Me serené y comencé a tranquilizarlo, a pedirle que se relajase, que respirase tranquilamente, que me mirase a los ojos. El hacia lo contrario, cada vez levantaba más la voz, hasta que se empezó a revolcar por el suelo. Creí morirme. Esta vez se le estaba yendo de las manos en plena calle, delante de gente, en la puerta de mi trabajo. Estaba haciendo aquello que tantas veces me había dicho que haría si lo dejaba y yo no podía impedirlo. En ese momento, pasaron 4 compañeros que se dirigían hacia la oficina y al ver el espectáculo se acercaron y dijeron que no se movían de allí hasta que nos fuéramos con ellos. Conforme andaba hacía la puerta el gritaba: – Carmen, Carmen!! Y yo no podía respirar.

El camino hasta entrar se hizo muy largo. Subimos por las escaleras en silencio. Nadie dijo ni una palabra. Llegué a mi sitio y me senté. Seguía sin poder respirar, pero como bien había aprendido, disimule y nadie se percató de mi estado de ansiedad.

No sé cómo pasó, pero de repente, miré la pantalla y vi que había escrito un mensaje por teams a mi jefa que decía:

– Pilar, necesito urgentemente hablar contigo en una sala. Y escuché a Pilar que decía:

– Carmen, vamos! Salí hacia las escaleras y ella me miró muy preocupada. Me decía una y otra vez;

– Que pasa Carmen! Estas bien? Que ha pasado? Y yo no podía hablar. Estaba bloqueada.

Buscamos una sala pero todas estaban ocupadas y nos metimos en un baño. Me senté y empecé a llorar. Solo podía llorar. No podía hablar. Había explotado! Ya no había marcha atrás. Pilar me preguntaba asustada si le había pasado algo a alguien de mi familia, si era algo de salud, y yo solo podía decirle una y otra vez:

– No sé por dónde empezar. Me siento muy avergonzada.

Nadie, pero nadie se imaginaba por lo que estaba pasando. Juan era un hombre ejemplar, con un puesto importante en una compañía importante, una persona respetada e influyente, aparentemente formal, muy inteligente y educado.

Solo podía escuchar en mi cabeza sus palabras; – Nadie te a va a creer; – Diré que estás loca.

Viendo la desesperación de mi jefa en su cara y sus zarandeos solo pude arremangarme la blusa y mostrarle los brazos arañados y amoratados que tenía.

Pilar gritaba:

– Carmen, Carmen, Carmen y me abrazó, me abrazó muy fuerte.

Y me dijo: – Ya ha pasado Carmen, ya estas a salvo. Tranquila Carmen! Todo va a ir bien.

Me metió en su coche y estuvimos cerca de una hora conduciendo de un lado a otro desconcertadas. Mientras tanto escribí el psiquiatra para que intentara llamarlo pero solo me dijo que me fuera a la policía. Le dije que iba de camino. Y Juan, no paraba de escribirme. Incluso me dijo sé que vas con tu jefa en el coche. Pilar y yo estábamos asustadas.

Pilar me dijo que tenía que avisar a mi hermana, amigas etc y yo volvía a pensar una y otra vez en que no sabía por dónde empezar. En cómo iba a contarles todo esto. En la vergüenza que sentía de mi misma.

Recordé algo que había escrito días antes desde el trabajo y me lo había enviado por correo electrónico a mi dirección personal. Pensé, si me pasa algo alguien tendrá la ocurrencia de revisar mi correo electrónico y así sabrán la verdad que estaba viviendo.

Cree un grupo de whasap en el que incluí a algunas de mis amigas y titule el grupo como SOS. En el chat escribí algo, como:

Escribí hace unos días esto. Todo se ha adelantado. He intentado dejar a Juan y a medio día ha venido a mi trabajo y en fin… he tenido que hablar con mi jefa y voy de camino a la policía. Os copio lo que escribí. Quizá así me entendáis un poco. Siento haber sido tan cobarde como para no haber pedido ayuda antes.

La verdad sobre lo estoy viviendo.

Mi relación con Juan empezó siendo algo idílica para mí. No solo era un chico guapo, alto, moreno y con ojos verdes, si no que era inteligente, sociable y muy divertido. Me daba esa vidilla que tanto me gustaba. Gustos de actividades y ocio casi idénticos, conversaciones en las que por fin un hombre me aportaba conocimientos y esas ganas continuas de estar haciendo siempre cosas. Pensé que era increíble encontrar a alguien tan parecido en este sentido.

A los 2 o 3 meses ya empezaron a ocurrir cosas raras, que el siempre justificaba con argumentos creíbles y que yo empecé a normalizar.

Poco tiempo después empecé a detectar sus carencias sociales y emocionales.

Y pensé que yo estaba en su camino para ayudarlo, para enseñarle empatía y demás. Ese fue mi error.

Durante estos 2 años y medio me he preocupado únicamente de pensar en sus carencias más que en sus defectos. Y una vez tras otra, me daba pena a la par que sentía que había esperanza en él. Y sin ser consciente entre en el bucle de la toxicidad de alguien como él.

Siempre he hablado sobre estas relaciones con firmeza, claridad y dureza. Nunca he entendido como alguien podía meterse en algo así y no salir. Incluso me he dignado a opinar y criticar. Cuan ignorante he sido.

En algo así te metes y no sabes salir. Te debilitan, te anulan y te alejan de tus seres queridos para que te sientas sola, sin fuerzas y sin ver una salida.

De repente vi como se alejaban de mí, parte de mis pilares. Me sentí sola, incomprendida, juzgada pero sobre todo indignada con el mundo, y una vez más lo justificaba a él. Bueno y mi ego no me dejaba ver que me estaba equivocando.

Aunque por dentro estés pidiendo a gritos ayuda, nadie podía oírme porque yo no dejaba que nadie se acercase.

Tengo la gran suerte que algun@s amig@s nunca se fueron demasiado lejos y algunos sabían que algo me atormentaba sin ni tan siquiera hablar de ello.

Todo era un caos hasta hace 10 meses. En ese momento empezó un verdadero infierno y fue cuando empecé a tener miedo. Algo he podido hablar de lo mucho que me ha pasado. Ha habido personas que me han ofrecido su ayuda, pero no podía. Tenía y tengo miedo.

Pedí ayuda profesional, pero tuve que dejarlo porque suponía un problema añadido que generaba más discusiones y con ello el temor de que pasara algo peor.

Las mentiras llevaron a discusiones y estas a enfados desorbitados, gritos, empujones, mordeduras, moraduras, arañazos, heridas, estrangulamientos y palizas y por más que intento escapar no puedo.

Ahora mismo tengo mucho miedo. La última ocasión fue el 3 de Mayo, el día de la famosa tormenta. Ese día me asusté muchísimo, me sentí en peligro y en un despiste conseguí salir al pasillo de mi escalera y gritar con todas mis fuerzas socorro una y otra vez, pero nadie me escuchaba por más que gritaba. Llovía mucho, tronaba, aun no era verano y en la urbanización vivíamos 4 gatos, el vecino más cercano estaba 9 pisos por debajo de mi casa. Nadie podía oírme.

Creí que ese día todo acababa para mí. Cada vez que pasa algo, es peor, es más incontrolable. Se desespera, la cara le cambia, el color de piel, los ojos y sobre todo la boca. Escucharle decir, te juro que te voy a reventar, que de aquí hoy no sales, ahora si vas a tener motivos para dejarme, ver como de nuevo viene hacia ti. Para luego pasar a ponerse a llorar, pedir perdón, e intentar quitarse la vida tirándose por la terraza o con un cuchillo. Es aterrador. Nunca había imaginado que yo viviría algo así, que permitiría a alguien tratarme así.

Siento que si me pasa algo nadie se va a enterar. Anoche me crucé con la vecina de abajo que ya viene los fines de semana de verano al apartamento y lo único que pude pensar es, quizá si vuelve a pasar ella me escucha y consigue llamar a la policía. ¿Pero cómo puedo pensar algo así? ¿Pero me oigo?

Sus amenazas del que pasará si lo dejo, de lo que sería capaz de hacer, de que irá a mi trabajo y me avergonzara delante de todos, de que no hable con nadie sobre esto, de lo que pasaría con mi perro Toby, obtienen el resultado que quiere, me dejan paralizada.

Llevo días sin dormir y las noches me ayudan un poco a ordenar el caos que hay en mi cabeza.  El otro día escuche palabras como, – sé que estás viviendo algo que no puedes contar, me dijeron – ¿estas contándome todo lo que pasa? Dije NO. y me dijeron ¿alguien sabe toda la verdad? Y volví a decir NO. También escuche, sabes que no estás sola y que puedes salir de esto, me tienes a mí y siempre me tendrás. Y no solo a mí, nos tienes a todos. Y sobre todo coincidisteis algunas en decirme: – Me siento terriblemente preocupada por ti, tengo miedo de que te pase algo.

Y solo podía pensar, que mal me sabe haceros sentir así, no puedo contarles todo lo demás.

No dejo de pensar que yo podría ser una de esas noticias que salen por la tele y no pienso en que mi vida acabe si no que me pregunto, ¿cómo me sentiría yo si tuviera una persona importante en mi vida que estuviera viviendo algo así y yo no la hubiera podido ayudar? No quiero que nadie se sienta así por mí, así que esta noche he encontrado el motivo por el cual debo salir de aquí. Mi motivo y a lo que me aferro sois vosotros. No quiero que sufráis por mi culpa.

Siento mucha vergüenza y humillación, quizá pensáis,

– Uy  chica, que va! Para nada. No te tienes que sentir así!

Pero que va. Nunca me he sentido tan decepcionada conmigo misma en mi vida.

El único modo que he encontrado es escribiéndoos esto a todas las personas importantes en mi vida. Este es mi SOS. Necesito ayuda.

Siento contaros esto de este modo. Soy incapaz de verbalizar lo que me está pasando. Así que no creo que si hablamos en persona pueda hacerlo.

No sé por dónde empezar. Pienso ahora tengo miedo, pero estando a buenas “le tengo controlado”, pero que pasará cuando empiece este nuevo camino? Cuando lo tenga a malas?

Es algo que voy a tener que vivir porque es el único camino que hay.

Estoy buscándome un nuevo hogar para Toby y para mí, pero no puedo ir a hacer las visitas porque estoy controlada las 24 horas. ¿Alguien podría echarme una mano con esto?

Esta semana operan a su padre y se ha pedido vacaciones por lo que estará aquí, pero con suerte la semana que viene se irá fuera unos días y he pensado aprovechar esos días para sacar todas mis cosas y trasladarme.

Si me voy ya, se va a enfurecer y probablemente destruya mis cosas o no me deje acceder a por ellas.

También con la operación de su padre está muy nervioso y si se genera una discusión no se de lo que sería capaz así que voy a tener que seguir disimulando hasta que pueda organizar todo e irme.

Tras escribir este mensaje al grupo, todas y cada una de mis amigas se escandalizaron y se preocuparon muchísimo. Cada una me brindo una frase de ánimo, de cercanía, de cariño, de compañía, de mucho amor y todas me dijeron que era muy valiente por haber dado este paso tan difícil. Hasta ese momento, siempre pensé que, si algún día conseguía contar lo que estaba viviendo, las personas cercanas a mí me reñirían, me juzgarían y se apartarían de mí. Ahora comprendo que todo eso era lo que Juan había conseguido meter en mi cabeza, pero que esa no era la realidad. Era todo lo contrario. Me había manipulado. Me di cuenta que mi realidad había estado totalmente distorsionada y que durante un tiempo debía dejarme guiar y no escuchar mis razonamientos.

Ese día, di el paso más importante de mi vida, destrozada, dolorida, avergonzada y profundamente sumida en la tristeza.

Acudí a los juzgados a denunciar a Juan y pensando que me iban a tratar como una loca más que mentía y quería sacar algo de su pareja. La policía, la psicóloga y la asistente social que me estaban esperando me arroparon y acompañaron durante horas. Ninguna persona duda de mí. Cogieron mi móvil y capturaron todas y cada una de las conversaciones que había tenía con Juan meses atrás. Y mientras estaba con ellas Juan, en su estado de locura, no paraba de insultarme por whasap y de volverse loco.

Todas esas personas vivieron esos momentos conmigo y me aseguraban una y otra vez que no lo creyera, que eso que estaba viviendo era un maltrato, que me estaba intentando manipular con sus amenazas sobre quitarse la vida si no le cogía el teléfono, etc. Que, por favor, no lo creyera.

Me quedé perpleja cuando me dijeron que Juan tenía antecedentes penales no solo por maltrato a otras mujeres, sino también por hurto y por destrozo medioambiental. Fue la primera vez que escuché que me dijeran que había estado viviendo con un psicópata narcisista perverso.

Parece una tontería, pero ahí pude exhalar algo de aire. Por primera vez, sentí que no estaba loca. Que no había sido la única mujer que había vivido eso con él.

Inmediatamente redactaron una orden de alejamiento y pasaron al nivel máximo de protección hacia mi persona, al menos hasta que lo detuvieran y saliera el juicio rápido. Después de muchas horas allí, salí escoltada por la policía secreta y me derrumbé al ver en la puerta de los juzgados a mi hermana y mis amigas esperándome para fundirse en un abrazo conmigo y llorar. Llorar mucho.  Las siguientes 48 horas fueron muy duras y angustiosas sobre todo hasta que pude recuperar a mi perro Toby.

Ha pasado un año y medio, en el que he pasado mucho miedo, pero en el que me he sentido muy protegida por mi familia, mis amigos, Toby y la Policía Nacional.

Estuve viviendo con mi hermana y su familia unas semanas y luego decidí irme a vivir fuera durante el verano para cambiar de hábitos y rutinas y evitar que Juan me encontrase.

Cerré mi corazón para solo y exclusivamente trabajar en mi recuperación. Esto me hizo valorar esos pequeños ratos con mi familia o con mis amigos simplemente charlando sobre algo. Comencé mi proceso de recuperación con ayuda profesional y comencé a hacer aun si cabe más deporte. Tenía que cuidarme por dentro pero también por fuera. Tenía que estar preparada p si pasaba algo poder defenderme o salir corriendo y que no me cogiera. El deporte me ayudó a calmar esos pensamientos de miedo en mi cabeza, a dormir mejor, a pasar tiempo con Toby y a más de lo que hubiera imaginado en mi vida. Dejé poco a poco de tener miedo. Comencé a tener ilusión de nuevo, volví a encontrarme, a mirarme al espejo y verme de nuevo.

Durante este año y medio, la vida no me lo puso fácil, mi hermano cayó enfermo y al menos pudimos acompañarlo hasta el final. Sentí de primera mano lo frágil que es la vida. La importancia de vivir en amor y armonía los días que nos queden por vivir. Porque estamos de paso y nada ni nadie nos dice que nos vayamos a despertar cada día y todo siga igual.

Aunque no lo veía ahora lo veo. Mi hermano me enseño mucho. Me abrió los ojos y me impulso a creer de nuevo en mí.

Y aunque suene a cuento de Disney, en mi camino, hace seis meses, apareció un hombre que me hizo recuperar la ilusión en el amor no solo propio sino también en el amor en pareja. Él me ha enseñado como el amor es comprensión, empatía, unión, cariño y como tu compañero es tu mejor equipo en la vida.

El amor no es complicado, no es drama, no son reconciliaciones habituales, no son gritos ni nada por el estilo. El amor no es tan complicado.

Y concluyo todo este relato diciendo que, aunque te haya tocado o te esté tocando vivir una malísima experiencia, en tus manos esta trazar un plan de escape, porque ese camino solo lo puedes elegir tú. Nadie lo puede hacer por ti. Porque tu vida es solo tuya. Valórate y ordena en tu mente los pasos que estás dispuesto a dar y que tu objetivo sea encontrar tu felicidad, en la forma que para ti sea ser feliz.

Como veis, es duro, durísimo pero se puede salir de ello. Con esto queremos aconsejaros que no esperéis tanto, hablarlo antes y buscar ayuda, entre todos conseguiréis salir, os lo aseguro.

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2 comentarios

  1. Brutal!!! Enhorabuena!!!!! Este tipo de artículos nos enseñan mucho a poder ayudar y a detectar esa alarma que nos chiva que algo no funciona bien….

    1. Muchas gracias Amparo, nos alegramos de que te haya parecido interesante. Espero que este artículo sirva para detectar señales de alarma y que eso evite que alguna persona entre en una relación destructiva de este tipo, con eso el artículo ya habrá valido la pena. Un abrazo

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