Las secuelas psicológicas de los deshaucios

Mucha gente lleva ya algún tiempo poniendo el grito en el cielo por el tema de los desahucios pero ha hecho falta que los medios de comunicación informen de los suicidios que se están produciendo para que se comiencen a tomar medidas en España.
Algunas de las emociones que las personas deshauciadas sienten son rabia, tristeza, ansiedad, negación y una profunda sensación de derrota. El desahucio estigmatiza mentalmente y, en ellos se está gestando una generación con un gran resentimiento social, que se debate entre el rechazo a la sociedad y/o a sí mismos. Ser consciente de que la situación es anormal y compartir la experiencia son claves para sobreponerse a la plaga de  dimensiones de tragedia que estamos viviendo.
Se sienten culpables por haber perdido sus casas, creen que ellos son los responsables, en algunos casos sí es así. Ver a sus hijos, esposa, padres… en la calle, los destroza psicológica y físicamente. Así lo relatan los propios afectados por los desahucio (520 casos cada día en España), y los psiquiatras y psicólogos que colaboran con las asociaciones de afectados. Una de las terapias que ayuda es asociarse y luchar por sus derechos.
Secuelas psicólogicas
La vivienda tiene una gran función psicológica ya que contribuye a formar nuestra identidad. Es una gran referencia para nosotros, en ella tenemos nuestra vida, nuestros recuerdos…. Incluso cuando el cambio de vivienda es voluntario siempre se produce un elevado nivel de estrés, por tanto, imagina cuál será este nivel cuando no se tiene a dónde ir, cuando es tu casa la que has perdido.
El colectivo más afectado es precisamente el que debería vivir ya con  estabilidad económica, entre los 30 y los 50 años. Educados en el concepto de vivienda como estabilidad, lugar seguro e inviolable, el desahucio atenta contra ese pilar básico. Con la pérdida de nuestro refugio, la mente inicia un recorrido para protegerse. 
Se produce una primera fase de negación en la que la persona y/o las familias intentan mantener la compostura, negar la realidad, imaginarse que va a llegar un premio, una solución de algún sitio en cualquier momento, pero en la mayoría de los casos eso se prolonga hasta que el desahucio ya es inevitable.  Algunas personas refuerzan esa negación manteniendo los hábitos y conductas previas al proceso de desahucio. La gente sale por la mañana, en traje y con su maletín, haciendo gastos que ya no puede permitirse, como ir a restaurantes, y que en muchos casos siguen agravando su situación económica. Otros en cambio si que son consciente de la situación a la que tienen que hacer frente.
El proceso es además lento y desalentador en el tiempo. Primero reciben la primera notificación del juzgado, saben que no están al corriente del pago, ir al banco y salir sin más alternativas que perder la casa… Momentos significativos del proceso que van desvaneciendo cada vez más la confianza en uno mismo y en sus capacidades para evitar el desalojo. 
La tensión y el miedo aumentan. Los costes para el individuo son tremendos, en algunos casos incluso, ruptura de la pareja. Padres avalistas que caen con nosotros, dependientes o con enfermedades crónicas. A veces no hay respuesta de otros familiares, se adquieren nuevas deudas que se deben ir pagando…. En la carrera contra el desahucio, los afectados se enfrentan además a una derrota tras otra, a pesar de los sacrificios. La gente se priva de comer para poder hacer frente  a los pagos. Se renuncia a todo y aun así no se es capaz de detener el proceso.
Si la familia afectada tiene hijos, el proceso de desahucio puede llegar a comprometer su concepto de la sociedad. Uno de los costes más evidentes es el producto de una generación antisocial, en la que los niños se ven obligados a rechazar, bien a su padre, en el que depositan su confianza, o rechazar a una sociedad que manda a una policía a sacarte a ti y a tus padres de tu casa, a la que ya no vas a volver. Los niños se alinean habitualmente con sus padres y nos encontramos ante toda una generación creciendo con un resentimiento importante ante una injusticia.
Estamos ante un gran drama social del que todos esperamos que se llegue a acuerdos lo más beneficiosos posibles para todas las partes implicadas y que afecten lo mínimo posible sobre todo a los niños que son los que menos culpa tienen.
Espero que os haya interesado este punto de vista sobre este tema tan desafortunadamente de actualidad.
Hasta el próximo día…
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