El Síndrome de Asperger no es un problema – Vas a conseguir todo lo que te propongas

Hoy os acerco un testimonio muy motivador, con Jesús llevo trabajando algún tiempo y he sido una privilegiada por qué me eligiera él y su familia como su psicóloga. Trabajar con una persona con Síndrome de Asperger enriquece y mucho, a mi Jesús, me ha enseñado en cada sesión que quién quiere puede.

Es un luchador nato y se esfuerza cada día por adaptarse a lo que se supone que es “normal” en esta sociedad  aunque nosotros creemos que de normal no tiene nada. Sufrir faltas de respeto, burlas o desprecios de personas que se supone son “normales”, no nos lo parece para nada.

El Síndrome de Asperger, es un tema del que ya hemos hablado en el blog, pero a grandes rasgos, las personas que lo padecen presentan dificultades en la interacción social, repetición de conductas y torpeza motora.

Salvo estas pequeñas dificultades que, en este caso Jesús, ha salvado con gran fuerza de voluntad y perseverancia son personas con un alto funcionamiento e incluso más inteligentes que la media de la población, ya que, cuando algo les interesa su atención se centra en eso aumentando sus conocimientos a pasos agigantados.

Sin más preámbulos, os dejo con su testimonio que no os va a dejar indiferentes.

Testimonio de Jesús

El ser humano es un animal social. Necesita tanto ser acompañado como relacionarse con las personas para poder desarrollarse como individuo en la sociedad.

No obstante, a menudo vemos personas que por diferentes circunstancias no consiguen adaptarse del todo a esta sociedad, o incluso algunas excepciones deciden huir de ésta y vivir en la completa soledad (véase el caso del hombre que estuvo 27 años viviendo solo en el bosque: https://es.gizmodo.com/la-insolita-historia-del-hombre-que-paso-27-anos-escond-1798627819

¿Por qué ocurre esto? Antes de andarme por las ramas, permíteme que me presente.

Me llamo Jesús, tengo 20 años y vivo en Valencia. Si estás leyendo esto es porque quizás te sientas identificado con el nombre de este artículo. Creo firmemente en que el resultado de nuestros actos muchas veces se debe al leve aleteo de una mariposa, en este caso, pequeños momentos que acaban definiendo nuestra personalidad. En mi caso, lo que creo que desembocó en ser lo que soy comenzó con un pequeño trauma.

Entonces tenía 3 años, estaba en el parque con compañeros de clase. Ya había pasado un rato desde que ellos llegaron, pero aún así, lo que pensaba en ese momento era jugar con ellos por lo que les pregunté que si querían. Me contestaron que no querían, que si uno estaba cansado, que si el otro no sé qué… el caso es que ese ‘no’ rotundo me impactó. Pensé que no querían estar conmigo y, por tanto, me sentí rechazado.

Esto desembocó en que a partir de entonces en el colegio me apartara completamente del resto de la clase porque, aunque tenía muchas ganas de estar con ellos, esa inseguridad me impedía hablar con ellos, porque creía que me acabarían ignorando. Tampoco era un drama a todas horas, tenía momentos aquí y allá con amigos en los que jugaba, pero el daño ya estaba hecho.

Al ver esta situación, el profesorado decidió mandarme a una psicóloga. Me “diagnosticó” síndrome de Asperger, cuya principal característica es que todos los que lo sufren tienen incapacidad de relacionarse con los demás, entre otras cosas. Dejo un documento aquí por si necesitas más información: 

https://www.asperger.es/sindrome_asperger_sintomas_clinica.html

No fue hasta los 10-11 años hasta que comencé a congeniar con otro chico. Él tenía síndrome de Asperger, recuerdo que lo pasaba super bien con él porque a los dos nos gustaban muchísimo los videojuegos. El tiempo fue pasando, y fui hablando más con el resto de mis compañeros de clase. Me animó muchísimo otro colega más, que comenzó a hablarles de mí, que era un chaval muy majo en el fondo y demás. El tema está en que nuestros gustos diferían mucho y mientras ellos jugaban mucho al fútbol e intentaban chulear un poco vistiendo bien y tal, yo jugaba en mi mundo pensando en el próximo juego de Pokémon. Sí, soy de esos que sufrió algo así como acoso por jugar a eso (es gracioso porque muchos de los que se reían de mí, acabaron jugando al Pokémon Go, que guay la hipocresía). Hay por supuesto otros matices y factores con los que creo que también me diferenciaba. Aún así, creo que fue un año decente y fui saliendo de esa burbuja… hasta que llegué al instituto. 

Del primer curso tengo muy buenos recuerdos, a pesar de que era muy llorica, conocí a muy buena gente, saqué notazas y la gente en general se portaba bien conmigo. Aún así, ya notaba cositas que me decían que tenía que seguir para ser de “los guays”. Que si vístete bien, comprándote ropa de marca, escucha la Máxima FM que ponen musicote, deja de hablar de videojuegos que te van a ver como un friki y eso es lo peor, empieza a vacilar también para que te vean como un graciosete… y yo estaba como, ¿en serio tengo que renunciar a lo que me gusta para ser guay? ¿en serio tengo que comenzar a ser un idiota, si no me gusta hacerle daño a la gente? (NOTA: Sé que ni en todos los institutos era así, ni en todas las clases era igual ni nada, solo expongo lo que yo recuerdo)

De aquí en adelante es cuando comencé a sentirme peor conmigo mismo, por mi personalidad tan pasiva y por querer atender al consejo típico de “no les hagas caso” estuve sufriendo bullying y si a eso le sumamos que no era una persona especialmente social (siempre me costaba iniciar una conversación) pues las inseguridades en mi crecían cuando quería abrir la boca para hablar.

Esconder este miedo a mis padres no ayudó, por miedo a que me dieran malos consejos o que se sintieran mal.

El resto de cursos se basaron en mi yo del pasado intentando entender las modas y los comportamientos de la gente “popular” para ser aceptado aunque mientras tanto el bullying seguía. Aún así, a base de práctica y costumbre gane amigos con los que me sentía bien, puesto que me aceptaban tal y como era y dejé de lado a esa gente “popular” con la que en realidad, no me sentía a gusto.

Por desgracia, me cambié de instituto por temas de estudios y perdí el contacto con ellos. El siguiente curso después de terminar la ESO fue un grado medio. El bullying se incrementó, incluso por parte de gente mucho más mayor que yo. Así comencé a adoptar un comportamiento pasivo-agresivo, tragaba y tragaba insultos hasta que estallaba y directamente me defendía pegando o directamente llorando. 

Finalmente decidí cursar Bachiller porque me interesaba muchísimo la tecnología combinada con las artes digitales (desde pequeño ya pensaba en diseñar videojuegos o hacer algo de ese estilo) y sentía que la universidad quizá sería el camino adecuado.

Después de un desastroso segundo de Bachiller, no conseguí entrar a la carrera que en un principio deseaba. No obstante, durante los años de Bachiller, gracias a mi psicóloga Amparo Calandín aprendí del comportamiento asertivo, que consiste básicamente en actuar de forma adecuada en el momento adecuado. Así, logré que la gente que me hacía bullying, al responder de esa forma (o al menos no quedándome callado) me acabara teniendo bastante más respeto.

Finalmente, entré a la universidad y aunque no era la carrera que en principio quería, aún estoy a tiempo para cambiarme.

He conseguido aprobar todas, demostrando que soy capaz de hacer mucho más de lo que creía y además he conseguido conocer a gente maravillosa por el camino. Es más, podría decirse que estoy comenzando a cumplir mis objetivos y a salir de esa burbuja de ansiedad social que estaba teniendo hasta ahora. Sigo teniendo dificultades, por supuesto, pero tengo esperanzas y sé que voy a ir superando todos esos obstáculos que me oprimen.

Retomando el punto anterior, hay gente que está sola o se siente sola porque muchas veces sus inseguridades o falta de confianza le impiden actuar correctamente. Pongamos como ejemplo el dilema del erizo. En el caso de estas personas, cuanto más se acercan a los demás, más se pueden herir, por tanto, deciden huir, aún sabiendo que la soledad es algo incluso peor.

Me dirijo a ti, lector, si conoces a alguien que está pasando por una situación similar a la que viví yo, anímalo a que hable con el resto de sus compañeros, pregúntale qué tal le va, habla en un tono cordial… al fin y al cabo esos pequeños gestos aunque no lo parezca a simple vista, marcan la diferencia. El peso de nuestras palabras es mayor de lo que quizá creas.

Y si en cambio, estás leyendo esto y estás en una situación similar, que sepas que no estás solo, que hay gente jodida como yo que sigue luchando por seguir adelante y créeme, quizás no veas los cambios a corto plazo, pero en mi caso con un poco más de sentido del humor, confianza, esfuerzo y costumbre estoy empezando a conseguir mis objetivos, así que estoy seguro que en tu caso podrás lograrlo también.

Espero que el testimonio de Jesús os haya motivado para seguir trabajando por vuestros objetivos.

 

Hasta la próxima semana!!!!

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