El testimonio que demuestra que se puede superar el Bullying – El efecto Lolita

Hoy os traigo la experiencia personal de Aroa. Aroa es una persona especial, la vida desde muy pequeña le obligó a hacerse fuerte y a sufrir rechazo por parte de compañeros. Este es el testimonio real de una persona que ha sufrido Bullying pero su perseverancia, esperanza y sentido del humor le han llevado a pasar página, seguir adelante y convertirse en la persona que realmente quiere ser. 

Acaba de estrenar su blog en el que va a ir contándonos sus experiencias y aprendizajes sobre la vida y cómo ir afrontando las cosas de la manera más saludable posible. En este enlace puedes seguirla!!
 
Os dejo con ella que os va a encantar su testimonio 😉
 
AROA
 
Desde mi visita a Amparo y mi llegada a la universidad, no recuerdo la última vez que estuve triste, se me hace inevitable ver salida a la mayoría de los problemas, incluso, aunque parezca una locura, he conseguido ver cada obstáculo como un cañón que me dispara cada vez más alto, para que pueda ver la maravillosa vida que tengo con vista de halcón.
 
Este artículo se me queda corto para explicar lo que un ser humano siente cuando el amor propio y el cariño hacia su vida le embadurna cada día, le llena los pulmones de aire mental sano, más sano que el aire de cualquier montaña, pero lo básico, los pasos a seguir para daros ese impulso al control de vuestra mente, si puedo exponéroslo, con toda la naturalidad que mi personalidad me brinda, porque así soy yo al fin, transparente y natural, como un diente de león que crece al sol de la tarde entre las rocas y los pinos.

Desde que tengo uso de razón y poseo la madurez suficiente para viajar a mis primeros días en el parvulario, sufría bullying físico y psicológico, hasta cumplidos mis 18. Tuve la gran suerte de que en mi hogar recibí toneladas de cariño, pero fuera, todo se volvía supervivencia y hostilidad

En infantil, comenzó la marginación, durante toda la primaria, llegó el físico, y durante la secundaria, volvió la marginación. Todo aquel cúmulo de soledad, se convirtió en un odio extremo hacia mí mismo, no soportaba mi cuerpo, me era difícil mirarme al espejo desnuda sin llorar. A nivel mental, me consideraba un despojo social, una adolescente inútil e inservible, incapaz de sacar nada hacia delante, idiota etc. 

Me refugié en el arte, en la lectura, en mi pasión por escribir y cantar, al igual que en el cuidado de animales, pero no fue suficiente, había escondido a mis padres todo lo que había sufrido y mi vida, a través de mis ojos, era el infierno hecho carne, en bucle y riéndose de mí.

 
A pesar de arrastrar una aversión extrema hacia mi persona y ser incapaz de continuar en soledad, intentando paliarla a través de parejas tóxicas unidas a partir de mi necesidad, salí adelante con cicatrices todavía supurantes, pústulas de negativismo, y me matriculé en la Facultad de Periodismo, mi gran sueño, mi salvación. 

Pensé que al llegar a Cuenca, al conseguir nuevos amigos más sanos, todo lo pasado sería quemado, y mi amor propio aumentaría, pero todo aquel dolor estalló y caí en depresión. Mis amigos no sabían cómo secarme las lágrimas, me seguía sintiendo cada vez más inútil, más frustrada con mi cuerpo, más obsesionada por ser la mejor en los estudios y la más hermosa del maldito barrio. 

Al comenzar mi segundo año en la facultad, navegando por internet, mi madre encontró a Amparo Calandín, los buenos pálpitos y la psicología conductual que tanto había buscado para salir del chapapote psicológico y aprender a controlar mi TAE y mi ansiedad generalizada.

Primero, la cosa comenzó despacito, me enseñó que muchos pensamientos negativos realmente eran erróneos, eran fallas que podían taparse. Un tiempo después, aprendí a pararme y analizar en tres pasos las situaciones que me causaban sangrados de dolor, cambiarlas por algo más adecuado, no positivo, sino racional. Meses después, con el segundo año de carrera terminado y con muchos libros de Santandreu y escritura terapéutica, soy la mujer que siempre quise ser, yo misma, sin cambiar nada, solo pensar diferente.
 
Ya no peso 62 kilos ni soy una chica de talla 38 a base de dietas y estrés, soy una mujer con un par de kilos más pero con una vida muy activa, sana, a nivel físico y psicológico. Me habitué al deporte por pasión, dejé las camisas largas en verano y ahora enseño mi abdomen libremente, alguna vez he besado al espejo, cada día es una nueva etapa para hacer algo bueno para mí  y para los demás. 

Conseguí explotar al máximo mi sentido del humor, descubriendo un don de gentes oculto, me convertí en un gurú psicológico para mí y para mis amigos, me volví más selectiva a la hora de elegir mis amistades, dejé de buscar atención de los hombres para sentirme bien, hoy vivo desde hace dos años sola y dejo que todo fluya, las actividades me llenan, mi gente me llenan, yo me lleno.

 
El secreto está en la gente, hoy soy la lolita alegre de rizos dorados que enseñaba sus braguitas nuevas de Mulán a todo el mundo que paseaba por su calle, hoy soy aquella Aroa que sonreía y lanzaba besos a todo el mundo, incluso al viento, para enviárselos a los que ya no están. A esto es a lo que yo llamo, el efecto lolita, el efecto Amparo. La mente es la clave, el mundo solo apaga la luz si en tu mente se niega a pagar las facturas del positivismo.
 
Date de alta en el club del cerebro sana, yo ya soy Premium.
 
¿Os habéis sentido cómo Aroa alguna vez? ¿Quieres conseguir ser quién realmente quieres?
 
Hasta el próximo día!!

 

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